Dentro del movimiento de mujeres y de la diversidad sexual hay todavía discriminación sobre la diversidad corporal

“El problema es que hay normas que derivan en jerarquías corporales, ¿qué hacemos con eso?”, disparó la filósofa Lux Moreno. ¿Qué es el activismo gordo, cuándo llegó a nuestro país y cómo se vincula con el movimiento feminista?

Lux Moreno es profesora en Educación Superior y Media en Filosofía de la Universidad de Buenos Aires, especializada en el programa de Actualización en Comunicación de Géneros y Sexualidades. Es activista gorda y por la diversidad corporal. En diálogo con Nueva Ciudad, la escritora del libro «Gorda Vanidosa» habló de la llegada del movimiento al país y a Latinoamérica, el rol de las instituciones y cómo se combate la gordofobia.

¿Qué es el activismo gordo? 

El activismo gordo tiene que ver con aquellas personas que encuentran que en la sociedad hay una serie de normas sobre los cuerpos que incluyen a algunos y a otros los excluyen. Obviamente, hay un énfasis sobre estos lugares de opresión y de violencia sobre los cuerpos que son excluidos. Los activistas gordos lo que tienden a hacer, o deberíamos, es trabajar sobre qué pasa con esta estereotipación corporal que rige la vida de las personas y que hace que haya vidas más válidas y otras que no. El activista gordo es una persona que da cuenta de la violencia y la opresión sobre los cuerpos a partir de estos estereotipos.

Es un movimiento que llega a Argentina hace unos años pero a nivel mundial nace a partir de finales de los 60, diríamos de Mayo del 68 en adelante. Empieza a aparecer en Estados Unidos y se replica en Inglaterra. Tiene todo un desarrollo y una vertiente allá que tiene grandes hitos como la publicación del Fat Rider, una compilación de textos académicos. Es el activismo godo ingresando en la academia yanqui.

En nuestro país, la llegada es a partir de 2009/ 2011 y también en Latinoamérica porque tenemos a la Cono en Chile, por ejemplo. Acá hay que reconocer a Nicolás Cuello y Laura Contrera, quienes publicaron la compilación Cuerpos Sin Patrones, en la que también participo. Se trata de la primera compilación latinoamericana de textos de activismo gordo. Otros textos del 2011 son Cerdx Punk de la Cono, que habla sobre gordofobia, activismo gordo y BDSM un poquito también. Y una serie de textos que circulan de otra manera en contra de la producción capitalista, que es el fanzine, que empieza a circular en el under punk rock que especialmente el Gorda zine de Laura Contrera, que para mí fue como el hito del activismo gordo que es de 2011.

¿Hay puntos de encuentro con el movimiento feminista? 

Si tuviera que trazar líneas con el feminismo diría que el activismo gordo es un activismo interseccional con lo cual se relaciona con un activismo de la tercera ola. No con un activismo de la diferencia sexual, sino con un activismo que empieza a ver que la opresión no es unilateral sino que hay múltiples opresiones que nos atraviesan y que tienen que ver con el lugar geopolítico en el que vivimos, el género, la etnia, la situación socioeconómica, las clases social, entre otras. Podríamos pensar la idea de centralidad y periferia, en nuestro país.

Con los movimientos feministas de Argentina sí tiene una relación que ha madurado y ha estado de la mano de ciertas personas del activismo gordo en las que yo no participe tanto, porque yo me pongo en una posición de la teoría queer, soy más posfeminista. Me parece que hay ahí algunos nodos centrales respecto de pensar la opresión que se nos escapan un poco todavía.

Sin embargo, el taller “Hacer la vista gorda” se embanderó con el Encuentro Nacional de Mujeres y gracias a eso el año pasado hubo un taller de gordo fobia. Y también con toda la discusión sobre el 8M.

El activismo gordo ha empezado a tener una presencia muy gradualmente creciente a partir del 2015 en adelante. Pero el año pasado socialmente empezó a pasar algo que es, por ejemplo, que se le daba la discusión al programa de Cormillot, vuelve a salir y se presenta el debate. Ahora decimos es nefasto, pero hace diez años era un programa aclamado por el rating. Entonces, hay algo culturalmente que esta pasando y que tiene que ver con las luchas de los movimientos de mujeres y en especial en poner de manifiesto la cuestión de la decisión sobre las corporalidades.

Aunque me parece que hay que seguir hilando y es que nosotros pedimos autonomía no sólo para las mujeres sino para las personas gestantes y cuando pedimos eso lo que estamos diciendo es que queremos soberanía y autonomía sobre nuestros cuerpos. No solo autonomía, porque también es ser soberano del cuerpo de una el poder de decisión.

A partir de estos movimientos también le van dando lugar a la pregunta por el cuerpo, y esa pregunta del cuerpo propio no significa “mi cuerpo, mi decisión” porque es un eslogan que es terrible. Porque si el cuerpo es un objeto sobre el cual decido seguimos en la misma lógica nefasta de consumir. Hay un término muy fino del marxismo que se llama reificación que es cuando no sólo nos fetichizamos sino que nos recontra hemos perdido con la visión de que estamos fetichizados y estamos alienados ante esta fetichización. Entonces, el cuerpo es una mercancía de consumo. Ese es un problema que yo veo que está saliendo con un poquito a colación y además porque se dieron otras cosas en cuestiones de salud.

Hoy en día lo que nosotros conocíamos como “antigua salud” o “la gran salud”, diría Nietzsche, en un sentido médico que era “anda al médico”, “consumí tal o cual cosa” estaba un poco en cuestión con el tema de la introducción de todo este mercado de lo orgánico. Qué pasa cuando el mercado de lo orgánico empieza a crecer como nicho de consumo y de repente la pregunta es: ¿Qué salud es más o menos rentable económicamente para el mercado? Porque la pregunta es esa, no hay otra. No hay una pregunta existencial ni nada.

Qué pasa hoy como sociedad que de repente ante la pregunta por el aborto también parece una pregunta sobre el cuerpo. Y se podría pensar que la pregunta apareció lateralmente: ¿Qué onda con los gordos? Pero el problema es que dentro del mismo movimiento de mujeres y de la diversidad sexual hay todavía discriminación sobre la diversidad corporal. La diversidad corporal es un movimiento que tiene muchos años que está pero que trabaja en las sombras. Son movimientos de resistencia, que haya tardado tanto en surgir habla de una resistencia social a tratar la temática. Acá en Latinoamérica si tenemos, especialmente en Argentina, un activismo gordo que está creciendo, que se está multiplicando, que se está haciendo muy visible y que esta re bueno.

¿Qué significan los parámetros estéticos dentro del activismo gordo? 

Es como un gran tema porque siempre nos reímos con otras activistas que dentro de los movimientos de mujeres siempre se agarra la cosa esta del parámetro estético. Esta cosa de la aceptación corporal, eso es para tibios. La aceptación corporal es para tibios, así de simple.

El activismo gordo está haciendo otra cosa. Es un activismo crítico y no son sólo los estereotipos corporales, si fuera sólo eso los cambiamos y listo. Pero el problema es el sistema de consumo, porque si después van a poner 30 gordos habilitados y la norma patrón de los gordos van a ser esos 30 nuevamente estamos dejando gente a fuera. El problema es que hay normas y las normas derivan jerarquías corporales, ¿qué hacemos con eso? Esa es la gran pregunta.

Porque si fuera solo aceptarme, hoy me desperté y me siento regia. Hay algo que hablamos varias veces al menos y es que todos los días uno no se quiere. En todo caso, si lo tenes bárbaro, a mí me pasa que quizás mi amor propio ya no pasa por la imagen corporal, pasa por cosas del mundo intelectual académico. Y de hecho yo también tengo ventajas. Tengo la cara linda de las gordas hegemónicas, yo no soy estúpida con estas cosas. Tengo una posición de privilegio, soy blanca de “clase media”, nótese que hago comillas porque con este gobierno ya no existe la clase media o por lo menos me cuesta mucho pagar la luz ahora. Fui a la universidad pública, terminé una carrera de grado, tengo una especialización y una maestría. Estoy haciendo un doctorado, trabajo mil horas pero sigo teniendo acceso a estas cosas. Hay gente que no tiene acceso ni siquiera a un plato de comida diaria. Yo como todos los días y encima me puedo dar lujos como comprar espinaca o cosas así.

¿Cómo juegan las políticas institucionales en relación la “alimentación saludable” y la construcción de la gordofobia? 

Este es un país gordofóbico, el otro día me horrorice un poco cuando lo dije en voz alta porque es algo que siempre había pensado, y si, Argentina es gordofóbica, tenemos la tabla de talles europeos por ejemplo. Tuvimos cuestión de peso, el programa que era el dispositivo para señalar al gordo con la camiseta de Raulito 80 kilos.

Voy a poner un ejemplo que tiene que ver con las clases sociales: antes las viandas llegaban con un sánguche, con pan, con fruta. Es una vianda que esta manejada por nutricionistas que son para personas en situaciones vulnerables. Hoy en día a las viandas de los comedores se le saca el pan por una cuestión de la alimentación responsable que es el nuevo gran hito. También están las estaciones saludables que es donde te toma la presión, te persiguen ahí, y después a los niños con esta idea de la obesidad infantil y el incremento acá en la Argentina.

Ahora hablando de obesidad infantil, está bien, hay un incremento que no es saludable pero cuáles son las condiciones del incremento de esa obesidad infantil: el empobrecimiento de la población, el acceso a determinados alimentos. No hay etnografía de lo alimentos. Pero le sacamos el pan a los pibes porque recortamos gasto y los hidratos de carbono les hacen mal. Estos pibes por ahí se llenan la panza una vez por día en el colegio. No es una política social, es una persecución sobre las corporalidades diferentes.

Y a escala internacional, ¿qué función tiene el Índice de Masa Corporal (IMC) que sale desde la Organización Mundial de la Salud? 

El índice de masa corporal aparece en 1876 y lo crea un sociólogo. Cuando empieza la conformación de estados nación y lo que termina pasando es que este índice fue variando desde 1876 hasta 1998 donde se homologa. La cuestión es que el IMC se homologa por razones políticas que tienen que ver con Estados Unidos. No se homologa porque había variación, de hecho, hoy en día no se trabaja tanto.

El IMC es la unificación de un índice para todos los cuerpos. Únicamente está segmentado binaristamente en hombre y mujer. Ni siquiera en edad, el IMC es para todos igual tengas 70 años o tengas 15. Si hay algunas consideraciones las hace el profesional en la consulta. Pero el índice es universal y es nuestro gran sistema filosófico corporal.

El IMC es una tecnología compleja que cuantifica y a partir de la cuantificación, como dato biométrico, va a dar cuenta de unos ciertos rasgos de esas personas que hacen a su identidad. Esto es una definición de cómo es un dato biométrico. Y, por ejemplo, el doctor Cormillot te pone la tablita que si pesas tanto por ejemplo, tenes pensamientos de muerte, depresión. Un número define totalmente tu vida y tus emociones respecto de tu ser en el mundo. Tu ser en el mundo en esta experiencia, no cuantificable, no expresable por el lenguaje también.

Ni siquiera subjetiviza, es sujeción. Son tecnologías de sujeción que sujetan al sujeto. Que generan subjetividades específicas, repertorios culturales específicos. Esto es lo que hay, si sos gordo está mal, si estas delgado estas bien. Bueno fíjate por que puertas entras, o por que puertas no entras.

¿Cómo se traslada esto a los vínculos más cotidianos y cómo se esconde la gordofobia en el discurso de la salud? 

Hay dos cosas que decir sobre eso. Una hay que laburar mucho en sacar la idea de que ser gordo está mal, sacar ese estereotipo de que el gordo es el dejado, el que come mucho, el que no se sabe cuidar, el que no puede hacer actividad física, el que es feo, el que seguro tiene algún problema de salud.

Por un lado eso, me parece que ha que laburar mucho socialmente porque es un tema muy complejo y hay un punto sensible que son los niños donde aparecen estas cuestiones de la gordofobia. Por ejemplo, con la implementación de la ESI hay un poco más de apertura sobre la diversidad sexual pero lo que me contaba una colega es que lo que hubo en el colegio de su hijo fue un brote de gordofobia. La ESI no contempla la diversidad corporal. Entonces qué hacemos con eso, realmente.

Y por el otro lado, los repertorios culturales como la tele, las revistas, las publicidades, el Facebook , las redes sociales generan también un fortalecimiento de estos estereotipos corporales que por ahí no estamos todo el tiempo midiendo cuan gordo estas, pero la modelo que es exitosa es delgada y alta.

¿De qué se trata la desconolonización del activismo gordo?

El tema de descolonizar el activismo gordo tiene que ver con que lo pensemos que acá en la Argentina. No voy a usar una frase de Ashley Graham –modelo estadounidense- para identificarme con el activismo gordo de Estados Unidos. Si habrá alianzas pero no es lo mismo, no es un activismo crítico es un Fat Body Positive.

El Fat Body Positive es una corriente que lo que hace es enfatizar que los cuerpos gordos son también cuerpos positivos, no sólo negativos. Los tratan de sacar de la estereotipación negativa. Sin embargo, no hay un discurso crítico acerca de cómo ese gordo llego ahí a ese lugar de abyección sino que lo que hay es una visibilización de un nuevo parámetro: los gordos también puede ser bellos.

Entonces tenes una modelo que tienen la cara y el pelo más increíble de la historia pero es gorda. Pero tienen el rollo liso, no lo tiene con colesterol. Esto es fuerte porque la positivización total le quita un poder de resistencia que está en la mirada crítica; no en decir “bueno que haya gordos también en modelaje”.

Porque es algo que paso en lo más mainstream de la diversidad sexual específicamente con la homosexualidad masculina y el guetto de la industria del mercado gayfriendly. Entonces, ¿nosotras queremos ser nicho de mercado? No, no queremos eso. Yo no quiero que mi cuerpo se trate como una mercancía, no quiero que me den solo las herramientas para ser vista. No, yo lo que quiero es discutir las condiciones en las que se llegó a esto.

Nuestra lucha es otra. Como dicen Nico Cuello y Laura Contrera nuestra lucha es sudaka y es la lucha de los colonizados. Nosotros no somos víctimas no nos ponemos ahí. Sino que es la figura del abyecto, el que se dejó afuera. Qué pasa conmigo que lo primero que me dicen sin mirarme es tenes que bajar de peso. Y yo le haga un “fuck you” y le digo “no maestro mirá este estudio”.

Fuente: Nueva ciudad.

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