La gordura como bella disidencia

En EE.UU., el activismo gordo nació vinculado a movimientos de derechos civiles. Hoy crece en nuestro país desde la teoría y la estética.

El inicio del «Manifiesto Gordx» circula cada vez con más fuerza en redes sociales y páginas de activismo de todo el mundo. Se expresa como un himno que acompaña todo tipo de manifestaciones artísticas, literarias, teóricas y políticas, y se comparte en encuentros donde el cuerpo disidente, el de los rollos, el que no encaja en los patrones socialmente divulgados y aceptados, es el que congrega: “Nuestro kuerpo, el primer enemigo / Es ahora, en el presente Gordx / Porque no se nace gordx, se llega a serlo… Enunciamos, ‘algunas chicas son más grandes que otras’ / Somos lxs anarKorpóreos /Nosotros proclamamos que ante todo rec onstruiremos nuestras vidas desde lo que somos, lo que molesta, el desborde”. En nuestro país, el INADI identifica la gordura como el segundo tipo de discriminación a nivel nacional y el primero en muchas provincias, mucho más común que la discriminación por género, raza o identidad sexual.

En el campo de las ciencias sociales, los fat studies (estudios sobre la gordura o estudios de la grasa) son considerados “emergentes”. Funcionan como una respuesta a la “guerra contra la obesidad” y se centran en el combate de los prejuicios, la discriminación, el rechazo, el “estigma gordo” y la opresión basada en el peso. En general, se encuentran en los departamentos de mujeres y estudios de género de las universidades, donde no estudian la obesidad como una de las principales causas de muerte en Estados Unidos, sino como un tema de justicia social. Trabajan conjuntamente con movimientos fat liberation o “de liberación gorda”.

Gorda, la historia

El primer manifiesto “para la liberación de los gordos” es de 1973, escrito por las fundadoras de Fat Underground, grupo feminista que proponía que los problemas sufridos por quienes no cumplían con los estándares de delgadez aceptados derivaban de la opresión de sus cuerpos. Este movimiento disidente organizado por lesbianas radicales se desprendió de la Asociación Nacional para el Avance de la Aceptación de la Gordura (NAAFA, por sus siglas en inglés), una organización de derechos civiles sin fines de lucro que, desde 1969, se dedica a proteger la calidad de vida de las personas gordas, brindándoles herramientas para el autoempoderamiento contra la discriminación. Antes, en 1967, en el Central Park de Nueva York, ya se habían reunido quinientos activistas para manifestarse contra la gordofobia o rechazo a la gordura.

A esa primera ola del movimiento por la aceptación de la gordura le siguió una segunda, en la década del 80. Se caracterizó por la proliferación de investigaciones que incluían otras disciplinas, como la medicina, y por extenderse no sólo a otros rincones estadounidenses, sino también a otros países. En 1988 apareció Don’t diet, un libro que sostenía que ser gordo no necesariamente significa ser no saludable y que pregonaba que se puede ser sano en todos los tamaños.

Durante la tercera ola, la aceptación de la diversificación marcó el movimiento. A los abordajes de la gordura se sumaron cuestiones relacionadas con la raza, la clase y la sexualidad. Corrían los años 90 y, al tiempo que la discriminación se encaraba también desde las artes escénicas y los cuerpos diversos se hacían visibles ante los públicos, Estados Unidos profundizó la problemática. Como política de Estado, se le declaró la guerra a la obesidad, la Organización Mundial de la Salud (OMS) estableció un nuevo y “saludable” índice de masa corporal (IMC) y se generó la marginación –y la expulsión de los sistemas de salud– de todas las personas con corporalidades gordas, es decir, la mitad de la población.

Al IMC se lo incluye dentro de los llamados “índices biométricos”. En su libro Gorda vanidosa, que será publicado por Ariel en julio de este año, la filósofa y activista de la gordura Luz Moreno cuenta que estos registros surgieron como “una tecnología de control que cuantifica, a través de técnicas matemáticas y estadísticas, ciertos tipos de comportamientos y especificidades corporales que, a su vez, autentican la identidad del individuo”. Es importante mencionar que los modos de concebir la salud varían en cada época y que, como ciencia auxiliar de la medicina, el ejercicio estadístico dio lugar a una serie de políticas sanitarias para el control de la población por parte de los Estados-nación, pero también promovió una generalización de las notas características de los cuerpos. “En otras palabras –explica Moreno–, la introducción de la estadística en la práctica médica cimentó los modos de entender los cuerpos por medio de generalidades fisiológicas”. La medición del peso de una persona se transformó en una evidencia para determinar si cumple o no con los parámetros estandarizados considerados “normales”. El modo normativo de entender el cuerpo quedó instalado.

La cuarta ola

“Somos quienes no nos resistimos a desaparecer ante el adelgazamiento de las diferencias corporales / Porque el ser gordx no es algo anecdótico, es político, contra lo establecido. / Lo que no encaja, lo que excede, lo que estalla límites, costuras y cierres, asientos de micros, fronteras, ficciones, deseos”. El manifiesto sacude; la cuarta ola todavía no recibió su bautizo oficial, pero el movimiento se contornea como una prometedora usina ideológica, estética y discursiva. Si bien las primeras expresiones de activismo gordo se registraron hace más de 50 años en Estados Unidos, y estaban relacionados con el movimiento por los derechos civiles, el feminismo y otros, la militancia local viene batallando desde 2011, momento en que empezó a considerarse en la región, junto a otros activismos de la diversidad corporal, de género y sexual.

Las primeras décadas del siglo XXI son testigo de un activismo que, a partir del desarrollo de las redes sociales y la globalización, ofrece un acceso rápido, inmediato, tanto a la información como a las discusiones y, en consecuencia, a la visibilización de la discriminación y de la militancia de peso. La escritora y activista Marilyn Wann, citada por Moreno, dice que llamar “obesa” a la gente medicaliza la diversidad humana y que, en consecuencia, al buscar una “cura” para esta “patología” se refuerzan las connotaciones negativas. Esta caracterización del obeso como enfermo lleva a actitudes y políticas de odio hacia ellos.

Desde España, Magdalena Piñeyro Bruschi cree que no es casual que el activismo gordo de esta época se haya manifestado en Internet: “Hay mucha vergüenza en la vida gorda, nos han hecho sentir minúsculos, casi invisibles –¡valga la paradoja!– siendo tan hipervisibles”. Ella es una de las responsables del sitio Stop Gordofobia, una página pública que nació al calor del 15M y a partir de una charla sobre cómo los (sus) cuerpos no estaban politizados a pesar de la opresión y la discriminación que recaía sobre ellos.

Aunque es fácil inferir el significado de “gordofobia”, la discriminación de las grasas es una de las últimas prácticas discriminatorias aceptadas públicamente. Además, su nivel de “instalación” social hace que la mayoría de las veces su práctica no se perciba como algo perjudicial, peligroso o dañino, o que frases como “es un gordo bueno”, “sos muy linda de cara” y “estás gorda porque querés” no reflejen la potencia perversa que encierran.

Puede que sea más fácil denunciar desde las redes; aun así, son muchos los que trabajan para que su lucha trascienda la web. Lucas Rodríguez Barozzi es activista y administra Orgullo Gordo. La agrupación nació en 2012 y busca crear conciencia del acoso gordofóbico, brindar apoyo a quienes lo necesiten y revalidar el cuerpo gordo como parte integral de la sociedad. Las jornadas de trabajo en escuelas y la concientización en espacios públicos son algunas de sus actividades. Desde Neuquén, explica que la gordofobia es un tipo de discriminación de base cultural que se manifiesta desde muy temprana edad: “desde los cinco años, los niños no quieren ser amigos de sus pares de mayor peso, tienen opiniones negativas sobre su cuerpo y, en algunos casos, comienzan con dietas o desórdenes alimenticios”. A este rechazo al intercambio más allá de lo estrictamente necesario se lo conoce como “victimización relacional y constituye un mecanismo de exclusión que limita las posibilidades de la persona gorda en ámbitos tan diversos como el laboral, amoroso, educativo, entre otros”, aclara.

La misión de Stop Gordofobia es denunciar cualquier tipo de publicación gordofóbica, acompañar a los miembros y visibilizar la diversidad corporal y el contenido antigordofóbico a través de la publicación de contenido visual que muestra diversidad de corporalidades y bellezas. En el libro Stop Gordofobia y las panzas subversas, producto de su investigación para un posgrado en estudios de género, Piñeyro defiende la idea de que el problema tiene tres raíces interconectadas: la estética, la salud y la moral. Y se pregunta: ¿Son los hábitos de una persona, o su estado de salud, criterio suficiente para discriminarlo y condenarlo a la exclusión como hacen con las personas gordas? ¿En serio creemos que con sólo echar un vistazo a un cuerpo podemos saber todo sobre su estado interior de salud y su historial de hábitos de vida?

Militantes de la gordura Laura Contrera es profesora de filosofía, abogada, activista gorda y responsable del fanzine Gorda! zine. Junto con Nicolás Cuello, compiló el libro Cuerpos sin patrones. Resistencias desde las geografías desmesuradas de la carne (Madreselva, 2016), que reúne textos de activistas de la diversidad corporal. Ambos integran el taller “Hacer la vista gorda”, un espacio de encuentro y reflexión orientado hacia la formación política de una conciencia activista en torno a la gordura y la diversidad corporal, un espacio de construcción y objetivación política de la experiencia compleja que significa ser gordo en un país como Argentina. “Exigimos la integridad de nuestros cuerpos gordos, el reconocimiento del valor que implica la diversidad corporal y, por supuesto, nos pronunciamos en contra del capitalismo, de la industria de la dieta y los modos de actuación de lo que llamamos ‘el neoliberalismo magro’, un momento específico del capitalismo actual en el que la estigmatización, la patologización y la especulación financiera en torno a la gordura cumplen un papel fundamental de regulación de la norma social y de un plusvalor cada vez más elevado que se imbrican con otro más que tienen que ver con la discriminación racial y con otras formas de opresión por clase, sexo y género”.

La militancia sudamericana ha conseguido, en los últimos años, que se introdujeran en el debate público muchos de los temas que los congregan. Por ejemplo en el último Encuentro Nacional de Mujeres de la Argentina (2017), gracias a los reclamos de las activistas se logró hacer una mesa de debate sobre la gordofobia. El último 8M también contó con la participación activa de “Hacer la vista gorda”, con una intervención pública en un contexto masivo. “Intervenimos en todas las asambleas; también en la redacción del documento hay plasmadas consignas que tienen que ver con el respeto a la integridad de los cuerpos gordos, de los cuerpos intersex –vinculando estas cuestiones que nos convocan– y una denuncia al neoliberalismo magro”, cuenta Laura.

“Acá están mis pliegues, acá están mis rollos, acá está el cuerpo, ese que no corresponde, ese que aparentemente nadie quiere follar, este cuerpo enfermo […] El espejo no es un reflejo de la realidad, lo que vemos en él no es más que una construcción social necesaria de deconstruir”, concluye el manifiesto. Entretanto, en la reflexión de Moreno, la gordofobia y la patologización están a la orden del día, y el cuerpo es la última mercancía del capitalismo. Ella decidió ser “una guerrera contra la gordofobia”, porque eso no es más que un entramado en el cual “se refuerzan social y culturalmente estereotipos corporales”. En su libro se lee que ser gorda, en nuestra cultura, se considera algo que está mal, un problema que hay que resolver: “Vivimos en un sistema que normativiza los cuerpos y que determina que hay algunos que son ‘normales’, ‘bellos’ y ‘sanos’, mientras que los otros, los que no entran en esas características, son demonizados”.

Fuente: Clarín.

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